Editorial
Se nos olvida, ante la magnitud de la brutal represión, que hubo mucho de creativo y positivo en 1968. Baste mencionar la creatividad de diseñadores y arquitectos mexicanos que trabajaron en las instalaciones deportivas y en la infraestructura de los juegos olímpicos.
Pensemos también en la Olimpiada Cultural, en la multitud de creadores que desbordaron su ingenio y talento. Nos quedan pruebas de ello en las grandiosas esculturas, hoy muy olvidadas, que poblaron la antigua ruta de la paz, sobre el Periférico Sur. En las publicaciones estaban escritores de la talla de José Revueltas, Juan García Ponce, Juan Vicente Melo, Huberto Batis, Rafael Solana y muchos más que vieron en esa justa deportiva la posibilidad de probarle al mundo la medida del talento
mexicano. Hubo música, danza, literatura, artes plásticas…
Todo se malogró cuando Díaz Ordaz comenzó el proceso represivo que culminaría el 2 de octubre. Es una pena que los gobernantes no entendieran la dimensión
de las exigencias estudiantiles. Los jóvenes hicieron un movimiento político, sí, pero lleno de gozo y de deseos de cambiar al mundo, generoso y lúdico, al amparo de Ho Chi Minh, Ernesto Guevara y los Beatles.
Hoy, por desgracia, sólo somos capaces de recordar los muertos, los heridos y los detenidos, estamos imposibilitados para pensar en que la imaginación estuvo a punto de llegar al poder.
El Búho
Alejandro Caballero
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